La Prensa
Radio Universidad de Chile - 102.5 fm, Santiago de Chile
   

CHILE-REPORTAJE:Saramago versus Da Fonseca:Mortalmente parecidos 


Publicado el 03-05-2006 6:27:50
  Por Vivian Lavín
 


-Hace dos años, José Saramago recibió como regalo- por intermedio de
su mujer Pilar del Río- una novela corta de una chilena en el marco de
un acto por los derechos humanos en la ex -Villa Grimaldi.
  -La escritora Cristina Da Fonseca pasó de la indignación inicial a la
franca lucha por sus derechos, cuando descubre demasiadas coincidencias entre aquél libro que le regalara y la última entrega del Nobel.
  -"Como la literatura es pan hecho de muchas harinas quisiera
encontrar una explicación a este misterio de las letras y la industria
editorial", le requirió de manera conceptuosa en la primera carta que diera paso a un, hasta ahora, encendido intercambio epistolar entre los autores.
  -Enferma de un cáncer desde hace un año, la autora sabe que enfrenta
una batalla desigual pero que lo hace con la fuerza y tenacidad de una
conocedora de la lucha por los derechos humanos.
  Cuando Cristina Da Fonseca fue ese 27 de abril de 2003 al Parque por
la Paz, ex Villa Grimaldi, iba con el recogimiento propio de quienes
saben lo que fue esa "casa de dolor y tortura" durante la dictadura de
Augusto Pinochet. Pero también iba con la emoción propia de participar en un acto cuyo invitado estelar era, nada menos, que el Premio Nobel de
Literatura José Saramago.
  Se sonrojó cuando su amiga y anfitriona Mónica Echeverría no dudó en
halagarla frente al Nobel como una pluma de "cuentos muy refinados". Da
Fonseca ya se sentía complacida que sus libros hubiesen sido regalados
a Saramago, a través de Pilar del Río, esposa del autor.
  La escritora chilena de ascendencia brasileña y, por tanto,
portuguesa, sentía una gran admiración por este escritor comprometido con los derechos humanos. Sin embargo, en noviembre de 2005 su opinión cambió rotundamente cuando en un diario chileno leyó una pequeña nota sobre la novela que José Saramago estaba a punto de publicar, Las Intermitencias de la Muerte, "su mejor novela después del Nobel", decía el matutino, y cuya trama se centraba en cierto lugar donde sus habitantes se veían imposibilitados de morir.
 
Era exactamente el mismo argumento del libro de su autoría que le
había regalado al escritor hacía un par de años. La indignación inicial le
hizo romper el diario en pedazos. Era un golpe demasiado duro y no
tenía fuerzas para enfrentarlo. Un cáncer al pulmón le quitaba las
energías. Hasta que renació la otrora abogada luchadora por los derechos
humanos y decidió enviarle una carta al escritor a su casa en Lanzarote:
"...por un asunto de principios y dada la gran vulnerabilidad de los
derechos intelectuales de los creadores de mi continente, deseo preguntarle a usted cuál fue el origen de estas especiales coincidencias. Como la literatura es pan hecho de muchas harinas quisiera encontrar una explicación a este misterio de las letras y la industria editorial", le requería de manera conceptuosa.
 
LA RESPUESTA AIRADA DE SARAMAGO
 

La escritora María Cristina da Fonseca vivió 15 años en Venezuela,
donde se autoexilió junto a su marido. Con él, hacía largos paseos por
Los Andes venezolanos, llenos de pequeños pueblos que mantienen las
tradiciones más maravillosas, "como Humocaro, una aldea de no más de dos cuadras donde la gente vende agua de azahar. Me la pasé de casa en casa probándolas todas, era gente humilde que conserva todo el encanto rural.

Ese camino es el mismo de las orquídeas moradas, que allá son vulgares
y crecen al borde del camino", recuerda.
Este paisaje y su gente la convencieron que el realismo mágico, como
tal, no existía y que sólo bastaba con narrar lo que se vivía en ese
rincón de América. "Fue entonces, hace más de 20 años, cuando sucedió la
tragedia de Armero en Colombia. Se derritieron las nieves y un pueblo
entero quedó bajo el barro. Hubo 25 mil víctimas, entre ellas, impactó
mucho una niña, Omaira que quedó atrapada en los restos de su casa y los
cadáveres de sus padres. Ella parecía una estatuilla de bronce...de ahí
me vino la idea de la desaparición de la muerte", explica.
Da Fonseca autora además, de Memorias de la arcilla vieja y El hombre
cuyas pupilas lo traicionaban, decidió escribir sobre la muerte y creó
una delirante historia, de no más de 50 páginas, empapada en la tragedia
y en una posibilidad sólo concebida por los creyentes: la vida eterna,
pero en la tierra.

Luego de su regreso a Chile, la escritora continuó con su labor
literaria, trabajó por los derechos humanos y también de asistencia a través de la ONG Delantu, cuya labor es difundir la literatura en zonas de
pobreza y que preside, nada menos, Alicia Bachelet, tía de la recién electa
Presidenta de Chile, Michelle Bachelet. Fue precisamente a través de
esta organización que la mujer del Nobel, Pilar del Río, recibe Cuaderno
de Viaje y Los días felices en que Humocaro quería morir de la autora
Cristina Da Fonseca, en medio de una jornada sobre derechos humanos en
una visita que realizaron a la capital chilena en el 2003.
En noviembre del 2005 y al descubrir las coincidencias entre su libro y
la última entrega del Nobel, Da Fonseca decide escribirle una carta al
autor portugués con copia identificada a su agente Doctor Ray-Güide
Mertin y también a la Fundación Nobel. Cumplía de esta manera, las
múltiples recomendaciones que le habían hecho varios profesores de literatura estadounidenses y latinoamericanos.

"Me sentí avasallada y temí me volviera a suceder. Tenía el
antecedente además, que un año antes de enfermarme, fui a la Feria del Libro Infantil y Juvenil de Río de Janeiro, donde conocí a uno de los directores de los escritores indígenas. El me contó que tenían muchos problemas con los derechos intelectuales de numerosos libritos que ellos publicaban de manera sencilla y en tiradas pequeñas, que luego veían elegantemente publicados en otros países por autores conocidos. Me dio a entender que esto no era sólo en el campo de la literatura, sino también en el de la artesanía, lo pictórico...en todo".
 
Luego, a través, de Inés Vargas, quien fuera subsecretaria de
Justicia en el gobierno de Salvador Allende, se contacta con el director de la Sociedad de Escritores de Noruega, quien la insta a no quedarse
callada. "Yo soy abogada y sé que probar un plagio es casi imposible, además muy oneroso. Por eso, finalmente decido escribirle una carta.  Pensaba que si sólo él reconocía alguna influencia, podría citar mi libro.
Incluso de manera diminutiva, algo así como "hay una obrita de una
escritorcita de Chilito que es interesante...".

Con fecha 18 de enero de 2006, Cristina recibe respuesta del Nobel,
quien no niega haber recibido el libro pero sí haberlo leído. "No podrá
ser esto particularmente ofensivo para la autora, una vez que tengo en mi
biblioteca centenares de libros que no he leído y probablemente, nuca
leeré", dice el autor. El tono de la respuesta es más contundente cuando
niega un posible plagio, cargo que la autora nunca le formula en su
misiva pero que él asume al decir: "al contrario de lo que piensa la
autora de la carta que estoy respondiendo, no soy un plagiario, no lo fui en
el pasado ni lo seré en el futuro (...) ¿Las coincidencias entre mi
libro y el suyo? Bastaría que reflexionara dos minutos, y ni siquiera
tanto, para concluir que serían simplemente inevitables", dice el Nobel.
En el párrafo final, sin embargo, Saramago demuestra su total molestia
con el asunto. "En cuanto a la denuncia a la Fundación Nobel, me
asombra que una persona que aquel día estaba en Villa Grimaldi haya sido
capaz de semejante indignidad. ¿Qué resultado espera de esta denuncia? ¿Qué me retiren el Premio?", termina airado.

"Lo que quería era que reconociera la influencia. Nada más- responde la
autora-. Pero él no quiere aceptar el asunto...a lo mejor creerá que
pretendo dinero y eso no es lo que me mueve. Ahora, si yo no le envío
copia de la carta a la Fundación Nobel...¿me habría contestado?", se
pregunta.
La historia no termina aquí. La autora chilena le envió otra carta
aclarándole que no se trata de una denuncia, puesto que aquella requiere de "un proceso formal de investigación" y que si lo hizo a varios
remitentes fue sólo para asegurarse que su carta fuera leída. Finalmente, le solicita: "Póngase en mi lugar. Trate de hacerlo para no enfurecerse
conmigo. Imagine por un instante cuáles son mi sentimientos respecto de
estas inexplicables coincidencias literarias".


DE NUEVO AL RUEDO
 
Luego de semanas de silencio, Cristina Da Fonseca pensó que ya nunca
recibiría una respuesta a sus inquietudes.
Sin embargo, con fecha 8 de marzo, recibe una breve pero contundente
carta de Ray-Güde Mertin, editora de Saramago, quien le aclara que están
al tanto del intercambio epistolar y le solicita saber si el autor
lusitano le ha respondido su segunda misiva. "Si se ha establecido un
contacto directo entre ustedes, no es necesario que nosotros intervengamos", le advierte y le dice luego que no es necesario que le adjunte material sobre su historia literaria, "su nombre me resulta conocido". Con esto, la autora chilena ya creía que se terminaba sin una solución aparente, hasta que a comienzos de abril, recibe respuesta del Nobel. Como en la anterior, el autor comienza con un conceptuoso "Respetable autora" para luego sin preámbulos darle cuenta de una carta de una escritora italiana quien le habría escrito constatando similitudes entre Las Intermitencias de la Muerte y otro de su autoría en términos demasiado amables y hasta ingenuos. Consignando párrafos textuales, Saramago arremete de nuevo con el tema del plagio para, de un modo perentorio decirle que ya "no tengo nada más que explicarle..." y, que no comprende su insistencia de hablar de pequeñas editoriales y transnacionales. "Lo que hemos discutido nada tiene que ver con editores, apenas con autores que tuvieron una misma idea y que la trataron lo mejor que sabían o podían", finaliza de manera abrupta.

¿Y los sobres de color morado y orquídeas del mismo color e idéntica
función? Es una pregunta que queda flotando en el aire con el
desagradable tufillo de una buena verónica con un toro a punto de dar la cornada fatal.
 
MORTALES COINCIDENCIAS

   La primera coincidencia que nota la escritora cuando recibe el libro
por correo apenas es traducido al castellano, está en la mismísima
portada. Es la primera similitud de más de una decena, que se encarga de
señalar detalladamente en la carta que le envía a José Saramago, con
fecha nueve de diciembre de 2005. He aquí algunas de ellas:
 
Mientras en la portada de Los días felices en que Humocaro quería
morir aparece una foto en sepia donde un hombre lleva un ramo de orquídeas moradas en sus manos, en Las Intermitencias de la Muerte, se luce una mujer de vestido negro con letras moradas desplegando al aire sobres del mismo color.
 
En Los días felices..., fue un cataclismo el que terminó por aislar a
un pueblo que renació todo florido de orquídeas moradas, las que además
de dar una fragancia envolvente y maravillosa al poblado fueron
incluidas en la dieta de sus habitantes. "Pasó largo tiempo y de pronto
percibimos que nadie fallecía en Humocaro", reza la primera línea del
capítulo tercero. "Al día siguiente no murió nadie", dice la primera línea de la novela del escritor lusitano.
 
El inusitado hecho provocó en el libro de Saramago "un debate entre
tres especialistas en fenómenos paranormales, a saber, dos brujos
reputados y una famosa vidente, convocados a toda prisa para analizar y dar su opinión sobre lo que comenzaba a ser llamado por algunos graciosos, de esos que no respetan nada, la huelga de la muerte" (p.17). En tanto, en Los días felices...,, "sabios, teólogos, poetas y locos buscaban con
desesperación las causas de nuestro nuevo desastre" (p. 21). "Ni los
servicios públicos ni los gobiernos funcionan en este pueblo, ¿por qué
había la muerte de seguir haciéndolo? ¿Cómo no iba a pasar - aducían los
obreros- si las Parcas bregaban y bregaban, pero nunca se les pagó un
salario justo? No les quedó otra que declararse en huelga" (p. 20).
  "En mi libro - sigue la misiva de la autora chilena -, La defunción
de la muerte ocasionó grandes festejos. Alguien tuvo, incluso, la
ocurrencia de desplegar a la entrada del pueblo una pancarta gigantesca. Con orgullo proclamaba: ¡En Humocaro se vive para siempre!, ¡Bienvenidos a la vida eterna!". Un hecho que en Las intermitencias también fue celebrado."Con el paso de los días, y viendo que realmente no moría nadie, los pesimistas y los escépticos, poco a poco al principio, después en masa, se fueron uniendo al mare mágnum de ciudadanos que aprovechaban todas las ocasiones para salir a la calle y proclamar, y gritar, que ahora sí, la vida es bella"(p.29). Del mismo modo cuando le muerte vuelve a ejercer su oficio, "tuvo la ocurrencia de celebrar esa felicidad nueva colgando del florido balcón de su comedor, ese que daba a la calle
principal, la bandera nacional. También recordaremos cómo el abanderamiento, en menos de cuarenta y ocho horas, como un reguero de pólvora, como una nueva epidemia, se extendió por todo el país" (p.143).

"Los muertos incurables se lamentaban de existir sin término,
sabiendo que habían de soportar un perenne sufrimiento" en Los Días
Felices..., en tanto,"...los hogares de la tercera y cuarta edad no querían ni
pensar en un futuro de trabajo en que los objetos de sus cuidados no
mudarían nunca de cara y de cuerpo", se lee en  la página 37 de Las
Intermitencias.

En ambas obras existen rogativas por la muerte. En Los Días
Felices..., "fallecer era un imperativo vital e impostergable y rogábamos a Dios de corazón que nos devolviera la muerte"(p.21). En  Las Intermitencias:

"Por nuestra parte, iglesia católica, apostólica y romana,
organizaremos una campaña nacional de oraciones para rogar a dios que providencie el regreso de la muerte".(p. 47).

Las consecuencias económicas también están presentes, según se
verifica en Las Intermitencias : "Como era de esperar, las primeras y
formales reclamaciones llegaron de las empresas del negocio funerario" (p.31).
"Maquilladores de cadáveres y lloronas tuvieron que mudar de oficio.
(...)Las carrozas hubieron de alquilarse para paseos a la playa y
excursiones campestres", se lee en la página 15 de Los Días Felices....
 
Asimismo, ambas registran nuevos usos para los camposantos, como en el
caso de  Las Intermitencia, donde son utilizados para enterrar
animales."Las agencias funerarias transitaron de la euforia a la desesperación, otra vez a la ruina, otra vez a la humillación de enterrar canarios y gatos, perros y otros bichos..."(p.92), en tanto en Los Días Felices..., los cementerios estaban "condenados de por vida a una agonía inevitable (...) Un desprejuiciado profesor, cansado de buscar, entre los vivos, un aula donde enseñar a sus niños, tuvo la idea de instalar la escuela en el osario abandonado"(p.16).
 
La presencia del color violeta en ambas obras  resulta insólito,
cuando en Los Días Felices... es lo que produce el cese de la muerte a
través de las orquídeas moradas. En tanto, en Las Intermitencias, es el que
lo reestablece a través de cartas de esa tonalidad. "El sobre se
encontraba en la mesa del director general de la televisión cuando la
secretaria entró en el despacho. Era de color violeta, luego fuera de los
común, y el papel, de tipo gofrado, imitaba la textura del lino"(p.115). En
Los días felices...,  fue una bandada de pájaros que "comieron y
comieron con hambre desenfrenada hasta no dejar vestigio alguno de semillas, raíces ni orquídeas moradas"(p.47).
 



Otras paginas
Pg. 14




Carta de Sefarad

Textos tomados de Carta de Sefarad
La Prensa/The Press. Keeping you informed. Informacion de tu Mundo
The Press
Moses Maimonides, 1135-1204

2. sonia historia
3. Literatura de ayer
4. L contemporanea
5. Victor Montoya
6. Teatro
7. P cientifico
8. IFEX
9. Politica Latinamericana
10. IFEX Latin
16.Luis del Rio Donoso
15. Carolina Moroder
13. La porte des poetes
12. Revista Algulha
11. Arte Latino
17.Viajando...
18. Politica
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21.Joan Lledo
22. SELC y CII
20.Josefa Zambrano.
23. Sigrid
24. El Arte de la Comedia
M. Cristina da Fonseca
EL BOLETÍN MENSUAL DE NOTICIAS CULTURALES SOBRE LA ESPAÑA JUDÍA
M. Cristina da Fonseca, fue judía sefaradita de origen portugues, esta entrevista se la hizo Viviana Lavín  poco antes que la escritora muriera sin que Saramago le diera una excusa por tan grave error cometido con su  libro Los días felices en que Humocaro quería   morir....


Israel y la diáspora
Por Esther Bendahan

Hace 60 años de la creación del Estado de Israel por una decisión de Naciones Unidas. Y a su vez, de la decisión de ese mismo organismo de crear un Estado palestino, que no fue aceptada por los interesados.

¿Necesidad histórica? ¿Sentimiento de culpa? Falta distancia para una única respuesta. Pero el tránsito de Israel de la memoria a la realidad supuso un cambio histórico esencial para la diáspora judía. Tras un exilio milenario, éste fue el acontecimiento más importante, causa de una transformación de su existencia y de su forma de enfrentarse al futuro. Las expulsiones y genocidios provocaban la huida o la desaparición, y un sentimiento de acusado sin culpa, como en El proceso de Kafka. Pero las generaciones judías posteriores a la formación del Estado de Israel tienen, y así lo perciben, una alternativa.

Israel otorga a estas comunidades una nueva oportunidad de ser. "En tanto que judío, estoy terriblemente concernido por la política y a la vez políticamente paralizado". Esta paradoja, descrita por el ensayista francés Albert Memmi, es parte del reto del judío moderno en la diáspora. En tanto que judío francés o judío argentino, por citar algún ejemplo, se tiene una experiencia nueva: la pertenencia al propio Estado y la pertenencia sentimental a Israel. Y entonces aparece la parálisis. Israel protege; es en muchos casos un refugio. La diáspora se siente más segura que antes, pero esto da pie a una paradoja conflictiva y a veces paralizante. Aunque no hay posibilidad de participación política, se tiene un compromiso con Israel y también una responsabilidad con su evolución.

El retorno es la solución para la pertenencia, pero ese retorno supone a la vez un desapego y otro exilio. Impide el desarrollo del ser en el otro lugar. Vivimos una neurosis, dirá A. B. Yehoshua, causada por la complejidad de las identidades, participamos en lo que podría llamarse "identidades transversales".
Israel también ha influido e influye en los movimientos migratorios de los judíos, que son el reflejo de la relación de sus países de nacimiento con Israel y que han supuesto un cambio sustancial en la ubicación de muchas comunidades. Según The Jewish People Policy Planning Institute (JPPPI), hay alrededor de 13 millones de judíos en el mundo y más de cinco millones de ellos viven en Israel. En Europa residen 1.200.000. Y mientras que la población judía en Alemania ha pasado de 30.000 en 1970 a 120.000 en 2007, fruto de una política activa contra el antisemitismo, en Francia, por el contrario, ha disminuido de 530.000 a 490.000, debido al surgimiento de brotes antijudíos protagonizados por individuos relacionados con el islamismo radical. Por otra parte, de los casi 900.000 judíos que vivían en países árabes, casi la totalidad emigró a Israel en décadas recientes.

El resultado de esta evolución es la percepción de un Occidente cada vez más abierto donde, sin embargo, la diáspora vislumbra un peligro para el ciudadano judío, tanto el asentado en Europa como en América Latina (hay que recordar el trágico atentado del AMIA en Argentina, país de gran importancia cultural del que han emigrado unas 100.000 personas).

Se podría decir que Israel y los palestinos tienen claramente dos conflictos de distinta naturaleza: uno de carácter político por el territorio y otro de carácter mítico con un islam radical que pretende una aniquilación judía total. El primero necesita una solución política, el segundo debería ser combatido con la democracia y el derecho.

Para entender la diáspora judía hay que saber que la idea de Israel forma parte de la conciencia socio-religiosa del judaísmo. Y no únicamente desde el punto de vista religioso. En la Palestina gobernada por el imperio otomano y luego por el británico se mantuvo siempre una presencia judía. Tras la expulsión de España, Gracia Méndes (1510-1569) crea en Safed una comunidad sefardita: lleva allí a Isaac Luria, que impulsa La Cabalá. Pero la idea moderna de nación llega con un periodista, ¡quién mejor para conocer la actualidad y sus movimientos! Theodor Herzl (1860-1904) encuentra, a partir del caso Dreyfus, una solución política al anhelo del retorno a Sión. El Primer Congreso Sionista se celebró en Basilea el 29 de agosto de 1897, y su lema Si lo queréis, no será un sueño se concretó en 1948, cuando las Naciones Unidas deciden la formación de dos Estados en Palestina.

¿Fue inocente creer que podrían establecerse sin conflicto? Tal vez. La prueba es que, el mismo día de la proclamación de la independencia, Israel se enfrenta a su primera guerra cuando es atacado por gran número de naciones árabes. Pero si analizamos los hechos a partir de ese momento, y aunque el conflicto permanece, la situación es hoy distinta, Israel ha negociado la paz con Egipto o con Jordania, dos importantes vecinos, y el conflicto político se sitúa donde debió situarse desde el inicio: entre israelíes y palestinos.

Sin embargo, para los judíos de la diáspora nacidos después de la formación del Estado, es difícil decir "Israel tiene que..." con un pensamiento inocente. Aunque es necesario utilizar la fórmula de Perec: "obligarse a ver con más sencillez" para alejarse de los estereotipos. Honestamente, no sabría completar la frase. Hay mucho que solucionar dentro de la democracia israelí, como los derechos matrimoniales de las mujeres, la situación de los sefardíes o la formación de un Estado laico que respete lo religioso. Pero también hay que encontrar soluciones políticas que protejan a los israelíes sin olvidar los derechos de sus vecinos.

Desde fuera, paralizados, debatimos en busca del equilibrio entre la posibilidad de hallar soluciones políticas justas para ambos pueblos: la necesidad de defenderse, la garantía de los derechos de protección de los ciudadanos frente al deseo de un arreglo justo entre israelíes y palestinos, el desarrollo de la responsabilidad frente al otro.
Preocupaciones comunes a los palestinos, que deben proteger a sus ciudadanos (sus hijos deben importar más que el ataque al enemigo) y, a pesar de la defensa, planificar las bases posibles y efectivas de un futuro Estado.

Ambas diásporas, la judía y la palestina, podrían aportar una mirada nueva y serena, apoyando un diálogo desde fuera adentro, en el que cada uno asuma la realidad del otro para vencer la herida, y diseñar un futuro responsabilizándose del propio destino. El único enemigo es la radicalización de las ideas. Ayudaría que los medios aportaran una información menos parcial, en la que unos y otros pudieran verse sin la obligación de defenderse.

Hoy, continuando la vía de encuentro iniciada por el escritor Amos Oz, entre otros, aparecen esperanzadoras voces en la parte palestina. Ali Abu Awwad, junto a Robi Damelin, familiares de víctimas de uno y otro lado, han realizado el documental Punto de encuentro y lideran un movimiento conjunto por la paz. Se abre una puerta a la esperanza y si lo queréis y lo queremos, no será un sueño.

La falta de esperanza puede llevar a la parálisis descrita por el escritor Herman Melville y encarnada en su personaje Barteleby, el escribiente, quien repetía: preferiría no hacerlo, y así deja de hacer, se detiene, muere. Y llega a esa situación seguramente porque trabaja en la Oficina de Cartas Muertas. Las diásporas judía y palestina tienen la obligación de leer a tiempo esas cartas.

© El País. Esther Bendahan, escritora de origen marroquí, es jefa de programación cultural de Casa Sefarad.

Arvoles yoran por luvyas, i muntanyas por ayres. Ansi yoran los mis ojos, por ti kerida amante. En tierras ajenas yo me vo murir. Enfrente de mi ay un anjelo, kon sus ojos me mira. Yorar kero i no puedo. Mi korason suspira. Torno i te digo: ke va a ser de mi? En tierras ajenas yo me vo murir.


14. Sefaraditas
29.Salvemos  el Planeta
28.D.Humanos
30. Nathan.Novik
Los  judíos en Chile



por Joaquín Edwards Bello



publicado en diario La Nación , Jueves 3 de febrero de 1949



Los criollos antiguos llevamos una larga y variada genealogía. En la obra Los judíos en Chile por Günter Bhom, aparece una lista de apellidos judíos. Según dicha lista mi familia es judía por cualquier lado que se le analice; en efecto mi abuela materna era Rozas Pinto; mi madre, Bello Rozas; mi padre, Edwards Garriga y mi bisabuelo materno Andrés bello López. La lista pone por judíos, de origen se entiende, los apellidos Edwards, Bello, Rozas, Pinto, Garriga y López. Antes de continuar por el peligroso sendero debo prevenir al lector. Los judíos de origen español, o sefarditas, expulsados de España en tiempos de Isabel y diseminados por diversas regiones de la tierra, se ufanan de pertenecer a la tribu de Judá, y no reconocen vínculos de familia con los otros judíos de Alemania, de Polonia, de Rusia y demás.

El Sefardita, con algunos millones de judíos mansos que ahora son españoles se diferencian de los otros a causa de su físico imponente, su distinción y su inteligencia. Ni Borbones, ni Habsburgos, podrían alardear de un linaje parecido al de dichos israelitas, en antigüedad y gentil hombría adquirida y pulida en muchas generaciones. Se ha dicho que algunas familias hebreas llegaron a lo que es ahora la Península Ibérica, antes de Cristo. El cuerpo, la fisonomía y el carácter de los sefarditas proviene de la herencia de la raza más sana organizadora y unida de la tierra.
La decisión de los reyes católicos, influidos por el inquisidor Torquemada, no favoreció a España, sino al contrario. Los sefarditas renacieron en las diversas regiones donde fueron aceptados, y su influencia, por amor – odio a España, según Madariaga, sirvió de acicate a los enemigos del imperio castellano. “Los sefarditas, dice Graetz, lo habían perdido todo, excepto su grandeza española y su distinción. Estaban por encima de los demás judíos, en cultura en modales y en valor interno, como se manifestaba en su apostura y lenguaje. Su amor al país (España) era demasiado grande para permitirles el odio a la madre desnaturalizada que los había expulsado. El duque de medina de Rioseco descendiente del judío Mozén Rubí, ayudó a don Carlos II, en sus planes para separar a Flandes y declararle la guerra (Madariaga).

En América los judíos ayudaron a los piratas en sus incursiones contra las colonias españolas. Los judíos portugueses y españoles radicados en Burdeos en 1760, protestaron por la llegada de judíos polacos y alemanes. Voltaire se burló de ellos, y el sefardita portugués Isaac Pinto le escribió aceptando las acusaciones (Madariaga). Los apellidos más corrientes de judíos portugueses y españoles son Álvarez, De Castro, Henríquez, López, Méndez, Pérez, Pereira, Pinto, Santa María. Otros, no tan comunes, son Cáceres, Calle, De la calle, Reyes y Silva. La vida interior y la religiosidad absorbente de los judíos españoles se ha reflejado sin cesar en el carácter eclesiástico y fanático de los nuevos católicos, provenientes de antiguos convertidos que en España llamaron marranos. Podemos oír todavía sermones poblados de truenos vengadores de indudable origen semítico. Henry Ford, el fabricante de automóviles más conocido del mundo, en su obra El judío internacional, juzga con acierto cuando dice: “ El judío se convertía y poco a poco marrano ha judaizado a la iglesia católica que está necesitando una depuración para acercarse al verdadero Jesucristo”. De otra parte, Américo Castro, en su obra, titulada España en su historia, refuerza nuestros apuntes sobre la distinción castellana de los judíos españoles. En una de las páginas de su dilatada y admirable obra nos dice: “El sentimiento de hidalguía y distinción nobiliaria era común en el siglo XV a cristianos y judíos, y acompañó a éstos en su destierro. Más adelante cita a Max Grünbaum: “Quién asista al oficio divino en la espléndida sinagoga portuguesa de Ámsterdam nota la diferencia entre los judíos alemanes y los españoles”. De otra parte, los católicos españoles más severos en la persecución de los judíos fueron los marranos o malsines, entre otros el célebre obispo de Burgos, don Pablo de Santa María, antiguo rabino de la sinagoga, llamado Salomón Haleví o Levi era corriente en las juderías hispano-portuguesas. En la obra titulada El Tizón de la Nobleza se dijo que el Rey Fernando el católico no estaba libre de sangre judaica por la línea materna. Las judías eran bonitas y sus arcas estaban repletas. Conocida es la historia de Susana la hermosa hembra en Sevilla. En 1481 su padre, Diego de Susán, judío, fue quemado vivo. La hermosa hembra se dio a la mala vida y murió en la miseria. La calle en que vivía, se llamó Calle del Ataúd hasta fines del siglo pasado.

La medicina judaica gozó de excelente nombre; los judíos fueron los médicos de los reyes. Maimónides, el Platón Cordobés, sirvió de médico en el palacio de Saladino. Álvaro de Castro era médico de los condes de Orgaz; Judá figuró como cirujano del Concejo de Talavera de la Reina. En el dominio del Sultán de Turquía los hebreos españoles desempeñaron importantes empleos: Elías fue el oculista del último Sultán; de Castro Bey, el cirujano. El año 1270 el Rey Alfonso X, de España, mandó entregar una donación especial al doctor don Abraham del Río. Ningún lector chileno dejará de notar la eufonía familiar de este último nombre. En la obra titulada Historia de los marranos, por Cecil Roth, he leído un párrafo que parece tomado de Las Noticias Gráficas. Dice: “La señora Elvira del Campo fue arrancada de su domicilio y torturada por ponerse ropa limpia y no comer puerco en día sábado”.
El echo no pasó aquí sino en Toledo, y en 1567, poco menos de cuatro siglos atrás.
Los judíos por su religión y por su medicina religiosa, hacían circuncidar a los varones, no comían cerdo, ayunaban y se metían en baños por lo menos dos veces a la semana. Por razones obvias no voy a contar los beneficios que aporta la circuncisión a la salud general del individuo. En la casa real de Inglaterra pagan una renta a cierto médico especialista para que circuncide a los varones de la familia nacidos en Buckingham. Por algo será.

“Quines realmente sentían el escrúpulo de la nobleza de sangre eran los judíos”. Hitler fue un imitador de dicho sentimiento. En la obra titulada Claros Varones, Hernando del Pulgar aseguró que los abuelos del primer inquisidor Torquemada fueron del linaje de los judíos convertidos. El mismo Pulgar se burló del estatuto que hicieron en Guipúzcoa, para que los judíos no pudieran ir allá a casar ni morar, cuando los más enviaban sus hijos para que sirvieran a los judíos de mozos de espuelas, Vizcaya conoció la influencia judaica; por lo mismo, ciertos judíos conversos llevan apellidos vizcaínos. La expulsión de los judíos españoles fue aprovechada por los ingleses. Entre diversos personajes de la City podemos recordar a Antonio Fernando Carvajal y Simón de Cáceres. El primero prestó sus barcos para traer judíos a América; el segundo propuso a Cromwell la conquista de Chile para fundar una colonia anglo-judía. La historia de la familia judía Mendes o Méndez, de origen portugués influyente por sus millones, en Londres, en Italia, en Grecia y en Constantinopla, no cabría en un diario. El apellido López es el más sospechoso de judaísmo en mi familia. La madre de don Andrés bello se llamó Ana Antonieta López. Me es grato recordar que la madre del celebrado escritor francés Montaigne se llamó Antonia López de Villanueva; era hija de un mercader español y había sido expulsada junto con su padre de Burgos, por la inquisición. Montaigne no la mencionó jamás en sus escritos. Este hijo de madre judía maltratada inició las ideas contra el sistema de expansión española en el “paraíso del Nuevo Mundo”. La tesis de Montaigne, o acusación a España, “por turbar los juegos infantiles de los pueblos idílicos”, sirvió de partida a una generación francesa en su campaña para obtener la independencia americana. Discípulo de Montaigne podríamos llamar Rousseau.

Es muy posible que la madre de don Andrés Bello y el padre don Bartolomé Bello, hayan sido descendientes de judíos emigrados de España. Repito lo primero: los criollos antiguos llevamos a cuestas una larga y variada genealogía. Don Andrés Bello casó en Londres dos veces con enigmáticas damas, cuyos nombres son Mary Ann Boyland la primera Elisabeth Dun, la segunda. Desciendo de la segunda. El apellido Dun es de origen celta. El nombre London proviene Llyn Dun (posición cruzada por agua). Pedí datos sobre las mujeres de don Andrés a Londres ciudad dueña de los archivos más fáciles y rápidos del mundo. No me respondieron de la Embajada. No soy político. Por la misma razón no he “conseguido” teléfono ni soy nadie. Además del apellido DUN podría recordar un surtido de nombres internacionales entre mis ascendientes. No hay razones para afirmar el judaísmo del primer Edwards; es éste un apellido de frondosas ramificaciones distribuidas en todas las tierras y mares del globo. Edwards se llamó el fundador del diario Le Matin de Paris a quien León Daudet apostrofó de manera inolvidable; Epouvantable sacripant, melé de turc et de negrier, dont la progne montre tons les vices tournat dans une sorte d’arrogance. Nacido en Constantinopla, era grande, enorme; había recogido una fortuna nadie sabía como, en el fumier oriental. Regalaba piedras preciosas a las mujeres, fumaba opio y conducía yates sur les bords de la Riviera. Edwards hay en todas partes por docenas. El actual lord civil del Almirantazgo británico, en el régimen laborista es el fogonero de la marina, Walter Edwards. En los Estados Unidos el mejor y más joven de los generales del aire se llama Gen. Ideal H. Edwards. En Adelaida Australia el doctor Edwards ha tenido éxito en curaciones de la locura, mediante la intervención del serrucho. En Increíble pero cierto apareció pocos meses ha una tal Penny Edwards, neoyorkina, que puede dar la nota Fá con la cabeza entre las piernas.

Aparte del Edwards hay en mi familia Martínez de Rozas, pariente del tirano argentino, Pinto, Rozas, Mendiburu, Urrutia y otros por línea materna como Garmendias y Aldurraldes de Mendoza. Por la parte de mi padre cuento con Iribarren, Ossandon, Cepeda y Argandeña, de La Serena. Hay todavía Cepedas, o Zepedas en Andacollo somos parientes. Los Edwards Ossandón entroncaron con toda la gente vieja de su provincia. La señora Zepeda de Videla, de Andacollo, es madrina y abuela de don Gabriel González Videla.

En cierta biografía sintética y flateuse de doña Juana Ross, prima hermana de mi padre, vi que los Edwards Ossandon descienden directamente de don Francisco de Aguirre, los Andia de Irarrázabal, los Bravo de Saravia y los Hurtados de Mendoza. Si me dieran a escoger entre los ascendientes, o me preguntaran a quién desearía parecerme, sin titubear diría: a don Jorge Edwards, el fundador de la familia justiciera, organizadora, recta y juiciosa, condensada en mi padre. Cuando cruzo una calle me parece verle y oírle; “Abre bien los ojos y mira para todos lados”. Gracias a esas pequeñas enseñanzas y rectificaciones estoy en pie y escribo. También quisiera parecerme algo a don Andrés.

No me parece razonable dar por comprobado el judaísmo del apellido Edwards, simplemente porque así dicen aquí. De la misma manera el apellido Ross no fue nunca judío, sino escocés. Un joven premiado en Harward, Maury Austin Bronceen estuvo en Chile para averiguar sobre Balmaceda. Al mismo tiempo visitó el archivo del Banco Edwards. Me aseguró que Edwards no fue judío. Al mismo tiempo procuré demostrarle la inepcia de las leyendas que el público ingenuo y tonto acepta con el ánimo de justificar la gloria póstuma de Balmaceda: mitos del salitre y de la revolución fraguada por los Bancos. El año 1891 fue un año santiaguino, de politiquería santiaguina y de bochinches, ajenos a la familia Edwards. Oí decir a mi padre que el no tenía nada contra Balmaceda. Sin embargo, él y todos los empleados del Banco Edwards se vieron constreñidos a obedecer a la patrona doña Juana Ross, en cuya casa se refugiaron varios curas que le hacían una pata repugnante.

Mi padre era entonces un pequeño empleado de doña Juana Ross, y la revolución era fraguada a distancia por el clero los figurones y las damas santiaguinas. Todo eso era ajeno entonces a una familia como la nuestra, apenas en formación, ubicada modestamente en la calle del Teatro, en Valparaíso. Si de manera tan categórica pusieron el apellido Edwards en la lista de judíos de la obra de Bohm, no me explico la causa de la ausencia de otros apellidos judíos chilenos tales como Aguiló, Band, Berstein, browne, Cohen, De la Paz, Ferrer, Corteza, Jordán, Levi, Lyra, Matte, Mathews, Miró, Morris, Phillips, Picó, Sack, Simon, Simson, Uhlman, Zeger y otros muchos.






ERNESTO CHE GUEVARA SHEINERMAN



Algunos ven en él a un asesino fanático,que tomaba la vida de las personas en el nombre de ideas cuestionables y erróneas.
Otros lo consideran un héroe glorioso,defensor del débil y oprimido, el personaje romántico de generaciones enteras de jóvenes.
Quién era él en realidad, este revolucionario americano ardiente, que alcanzó los picos de la autoridad en CUBA y fue muerto en tierra extranjera, el objeto de la dedicación de sus amigos y del odio a sus enemigos incluso después de la muerte?
Solamente cuarenta años después de la muerte de Ernesto Guevara, los materiales desclasificados de los archivos de los servicios de inteligencia de las superpotencias abrieron para nosotros el fondo verdadero de los acontecimientos improbables y trágicos,que marcaron la vida de Comandante.
Los nuevos documentos descubrieron con claridad penetrante el sino dramático del héroe,que aprendió el secreto de su origen judío,vuelto a su gente y fe y muerto en la búsqueda para la salvación de la tierra y de la gente de Israel.
Probablemente, todo comenzó a finales de 1964.
Posiblemente entonces la madre de Ernesto, detectando su muerte cercana (ella morirá en mayo de 1965) divulgó a su hijo la historia oculta de su vida.
Celia (la madre de Ernesto) nació en 1908 en el seno de una familia religiosa de Buenos Aires de emigrantes judíos de Rusia.
La llamaron - Celia en memoria de una tía muerta durante los pogroms en Rusia. Hasta la edad de dieciocho Celia Sheinerman creció en el ghetto cerrado y congestionado del emigrante, obteniendo la educación judía tradicional.
Cuando alcanzo la edad de 18 años se alejo de su casa, su familia y la religión, cambiando su nombre judío y un año más tarde se caso con Ernesto Guevara Linch, natural de la Argentina.
U n año más tarde ella dio a luz a Ernesto.
Ni el Che ni sus cuatro hermanos y hermanas sospecharon nunca de sus raíces judías.
Celia oculto siempre su origen judío, sin hablar de él incluso a su marido. Sin embargo, no mucho antes de que muerte, ella confía su se creto a su hijo querido.
El Che sacudido por la revelación aprende que,según la tradición judía, él es un judío y que en el viejo mundo él tiene parientes cercanos por línea materna.
Celia sabía por sus padres que su hermano Samuel, dieciocho años mayor que ella, había permanecido en Rusia. Como su hermana, él salió de la casa de sus padres, por razones sionistas rumbo a Palestina, después de rechazar ir a la Argentina.
E s posible conjeturar la confusión causada por las revelaciones de su madre en el alma del Che.
Nunca antes se había interesado por los judíos o de Israel, él comienza a estudiar todo lo que puede encontrar sobre su gente.
El estado judío, liberado del régimen colonial británico, que sabía protegerse contra los regímenes árabes ganó su simpatía en otras épocas, pero ahora él se siente que algo más fuerte que lo conecta con Israel.
El 19 de febrero 1965, Ernesto Guevara llega a Egipto. En la República Árabe Unida, que incluía por entonces a Egipto y Siria, el Che permanecerá por una semana hasta el 24 de febrero. Y el 1ro, de marzo él reaparece en el valle del Nilo, restante en Egipto por casi dos semanas.
¿Pero dónde el ministro cubano ha pasado los días entre de febrero el 24 y de marcha la 1?
La respuesta a esta pregunta se supo durante este año 2007, cuando algunos documentos de la CIA fueron desclasificados.
El 25 de febrero 1965, de Guevara sale de Egipto para Chipre, y de allí llega a Israel, pisando por primera vez la tierra de sus antepasados.
Guevara llega en Israel de incógnito, en la tentativa casi vana de encontrar a la familia de su tío; y el milagro sucede: ¡él descubre que él tiene un primo de su misma edad! Sin embargo, el primo tampoco mantuvo el apellido familiar.
Ernesto Che Guevara consigue ver en Tel Aviv a este primo, el comandante de la división de la sección del entrenamiento de combate del personal general, Ariel Sharon.

Enviado por Eliana Sinay desde Berkeley, California
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Soldados judíos en la Guerra de Las Malvinas

Por Luli Szerman y Paul Chamah


El pasado junio se cumplieron 27 años de esta recordada guerra. Y aunque han pasado todos estos años, aún hay evocaciones, vivencias, y agradecimientos. Testimonios de algunos de sus protagonistas.



Caty, que vive en Naharía, fue una de las personas que vivió de cerca el drama de esa guerra ya que durante 40 años residió en Comodoro Rivadavia, en el sur argentino  y durante esa época estuvo allí. Esta ciudad está ubicada a 1800 km . de Buenos Aires y allí se encontraba el Comando principal de las Fuerzas Armadas Argentinas. Desde allí se transportaban a los soldados que participarían en dicha guerra.
En Comodoro Rivadavia Caty fue Presidenta de la Wizo durante veinte años y cuenta que la colectividad era muy pequeña. “Eramos unas veinte familias, pero teníamos una sinagoga pequeña en la que había un Sefer Tora, libros de rezos, todo donado por las familias judías”.
Una mañana la llamaron por teléfono desde la Wizo , de la DAIA y de la AMIA , para informarle que soldados judíos viajaban a Comodoro Rivadavia para ser enviados a la guerra. “Sus familiares estaban muy preocupados por no saber nada de ellos, ya que no se les daba ninguna explicación, tenían prohibido dar información. Inmediatamente pedí sus nombres, tanto de los soldados como de sus familiares para informarles dónde y cómo se encontraban”. Desde ese momento Caty junto a otras señoras comenzaron a ayudar de manera constante a estos soldados judíos, que llegaron a ser cerca de treinta  jóvenes, en diferentes momentos de la guerra. “Nos abocamos a la tarea de buscarlos y los encontramos, hablábamos con ellos, solicitábamos permiso para que salieran de la base y los reunía en mi casa para que pudieran hablar con sus padres”.
La casa de Caty se convirtió en el centro de este grupo: “En mi casa los recibíamos con comida, cosas dulces, y tratábamos que se sintieran como en familia. Los viernes a la noche nos reuníamos en la pequeña sinagoga y solicitamos en su momento a la Asociación Mutual Israelita Argentina y a la DAIA que nos enviaran rabinos para que los soldados  tuvieran su Kabalat Shabat”. Así fue como llegaron cinco rabinos junto a varios padres que desde Buenos Aires vinieron para estar con sus hijos. “Los recibimos en mi casa. Mi esposo y mi hijo se encargaban de llevarlos a todos los lugares”.
Al terminar la guerra, estos soldados regresaron a sus hogares sanos y salvos. No todos los soldados fueron a la guerra misma, sino, como muchos otros soldados argentinos, estuvieron en la retaguardia, pero preparados en caso de ser necesitados para la guerra. “La alegría de mi familia y de toda nuestra pequeña colectividad fue cuando todo terminó y los soldados volvieron a sus casas junto a sus familias”.
Han transcurrido veintisiete años y hoy esos soldados ya son hombres con familia, con hijos, pero no han olvidado los momentos terribles que han pasado, así como Caty no los ha olvidado a ellos. Y más aún, después de casi tres décadas, que Caty ha empezado a recobrar contacto con algunos de ellos. Por eso, a sus ochenta años, Caty les muestra con orgullo, alegría, y al mismo tiempo un poco de nostalgia por esas épocas vividas,  a sus nietos ya hombres, las cartas que está recibiendo de esos soldados, “sus soldados”,  después de veintisiete años.
       

Testimonio I
“Al ser judío, no tenés fronteras”                 
José Carlos Armoza, 46 años, vive en Capital Federal, República Argentina y relata cómo fue eso de estar a los 20 años en Comodoro Rivadavia, en la Guerra de Malvinas en el año 1982. “Fui Soldado del Regimiento I de Infantería Patricios”.
Dentro de los momentos más difíciles menciona los momentos en los que “recibía malos tratos por parte de mis superiores y sentía mucha discriminación”. Allí permaneció dos meses aproximadamente, y si bien no estuvo en ningún momento en el frente, recuerda los problemas de antisemitismo que tuvo que soportar a diario.
Con su familia tenía contacto por carta y alguna que otra vez por teléfono.
Frente a la pregunta si tuvo algún inconveniente en conseguir trabajo por ser ex combatiente de Malvinas, confiesa que no, y que hoy en día trabaja como comerciante, tiene un local en Trelew y otro en San Rafael, Mendoza.
Lo que José Carlos quiere resaltar es una sensación que nunca podrá olvidar. “No tengo palabras para agradecer a Caty y a su familia. Pasó mucho tiempo y no recuerdo nombres ni caras, pero sí recuerdo que había familias que desinteresadamente nos abrieron sus casas y nos hicieron sentir parte de su familia. Ahí comprendí que ser judío no tiene fronteras, porque tenés familia en todos lados, en Comodoro Rivadavia yo estaba en casa”. “Recuerdo cómo nos recibieron en su casa, para hacer un Shabat hace más de 25 años. Recuerdo que yo estaba sucio, con hambre y el único contacto con mi familia era una carta con 25 días de atraso, y todo lo que me rodeaba en ese momento, no tenía que ver con mi hogar”. Cuando piensa si un hijo suyo tuviera que pasar por momentos como los que el pasó, dice sin dudarlo: “Le pediría a Di’s la ayuda para que gente buena lo ayude y lo acompañe en esos momentos difíciles en los cuales sólo la familia te puede apoyar”. Eso fue lo que Caty y su familia fueron para él. “Siempre digo que ser judío es pertenecer a una gran familia internacional, porque estés donde estés siempre vas a tener hermanos de sangre”.

Testimonio II
El drama de ser soldado y judío
“En Malvinas me tocó un nazi como jefe de sección, el subteniente Eduardo Flores Ardoino”, afirma Silvio Katz, del Regimiento Mecanizado 3 de Tablada, uno de los cerca de treinta soldados judíos que participaron de la guerra. En entrevista con el periodista argentino Hernán Dobry, que está haciendo una investigación sobre los judíos que participaron de esta guerra, Katz cuenta cómo debió luchar contra el hambre, el frío como todos sus compañeros, pero también contra el odio antisemita de oficiales y suboficiales del Ejército. “Se me congelaban las manos en el agua, y él me tiraba la comida adentro de la mierda y la tenía que buscar con la boca. Me trataba de puto, que todos los judíos éramos cagones. Era feliz viéndome sufrir. Un día quise agarrar un fusil para pegarle un tiro, y no podía ni tener el fusil en la mano. ‘Es tan cobarde que no puede disparar. No ve, usted es un cagón’, me decía, y me pegaba. Yo pensaba: si este tipo supiera que no le pego un tiro porque no puedo mover los dedos, se dejaría de hablar boludeces. El arma que me apuntaba era la de él. Eso le daba el poder, y unos botones lo hacían creer que era Di’s. Les decía a los demás que les hubiera pasado lo mismo si hubieran sido judíos como yo. Algunos compañeros me odiaban tanto como él porque veían en mí el problema de todos sus males. Llegué a pensar que realmente era mejor morir. Me convencí de que arriba o abajo estaba mi viejo, que había fallecido, esperándome. No soy muy creyente, pero creo que hay un Di’s que fue el que hizo que volviera de Malvinas. En algo tenés que creer. Yo hablaba como si mi papá me escuchara, le pedía que por favor me ayudara a soportar, a sobrevivir. Por ahí, era rezarle a Di’s, y yo lo ponía a él en su nombre. Sufrí demasiado”.

Enviado a la Prensa The Press  desde Israel por Reuben Sofer
     
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